Cueva del Agua, Molino del Batán y Hórreo.

La "Cueva del Agua" es una formación rocosa que el río Cuadros ha ido creando con su silencioso y paciente trabajo durante interminables siglos. Está muy próxima al santuario y a ella se puede acceder fácilmente, si bien será preciso atravesar la corriente de agua para entrar, por lo que en los meses lluviosos con el caudal más crecido, se complica algo más la tarea. Es amplia, alta, fácilmente practicable y por algunos lugares está descubierta al cielo (si bien la vegetación cubre los huecos), por lo que no es demasiado claustrofóbica y por tanto, apta para todo el mundo. A ella entra el agua por una gélida cascada, bajo la cual y sólo si somos muy "valientes" podremos bañarnos en los meses estivales. Encima de la Cueva se encuentra el Molino del Batán muy cerca de la fuente de igual nombre. En 1571, don Luis de la Cueva, 2º Señor de la Villa de Bedmar, mandó construir dicho Molino justo a los pies de la primitiva Ermita donde se veneraba a la Patrona de Bedmar y al lado del Puente Natural. Es sumamente llamativo encontrar la presencia de un Hórreo junto al camino de acceso a la Cueva del Agua y más sorprendente es aun conocer como dicha estructura llegó a tierras jiennenses.

Parque natural de Sierra Mágina.

El macizo de Sierra Mágina se alza al borde de la campiña jiennense, rodeado de un mar de olivos. Desde sus cumbres, pueden contemplarse magníficas panorámicas, aquí se encuentra el techo de la provincia, el Pico Mágina con 2.167 metros. Por esta razón, el Parque es visitado a menudo por montañeros que buscan coronar sus cimas. Sus abruptas formaciones rocosas y su dura climatología han hecho de Sierra Mágina un lugar poco habitable para el hombre. Esta circunstancia le ha permitido mantener un buen estado de conservación donde disfrutar, hoy día, de un entorno natural y tradicional. Este parque natural alberga, en su reducida extensión, una gran diversidad de paisajes, que pueden descubrirse a través del senderismo o cicloturismo. Merece la pena acercarse hasta el Adelfal de Cuadros, el más extenso de España, a la sorprendente cascada del Zurreón, un bello salto de agua que en invierno queda congelado, o al Pinar de Cánava, una formación de pino carrasco (Pinus halepensis), declarado Monumento Natural. Senderos como el de Gibralberca permiten visualizar el cambio de vegetación existente en función de la altura. En las zonas bajas aparecen principalmente los cultivos, entre los que destaca el olivo. En cotas intermedias dominan bosques mixtos de encinas, quejigos y áceres mezclados con abundantes arbustos como el enebro, la sabina, la cornicabra y los majuelos. En la alta montaña, la vegetación se compone de sabinas rastreras o espinos con alguna zona de predominio de pino laricio (Pinus nigra), como en el Pinar del Gargantón. En estas cumbres, se encuentran numerosas especies de escasísima distribución, como Jurinea fontqueri, un tipo de cardo específico de este parque natural. El relieve de esta sierra magna y mágica permite la práctica de otras actividades deportivas y de la observación de aves como el águila real y perdicera, el roquero rojo y el mirlo capiblanco. Entre los riscos, también puede divisarse algún ejemplar de cabra montés. Además, la erosión de las rocas calizas por el agua ha originado un sinfín de pasadizos y cavidades que la convierten en un atractivo lugar para la práctica de espeleología. Existiendo en toda su extensión, importantes muestras de modelado kárstico. Este parque fue frontera natural entre los reinos árabes y cristianos durante los siglos XIII-XV. Por ello, la comarca está impregnada de una peculiar atmósfera medieval reflejada en las estrechas callejuelas de sus municipios y en castillos como los de Albánchez de Mágina y el de Jódar que alberga el centro de visitantes. Otros atractivos son los restos de torreones, fortalezas y murallas que se pueden encontrar en prácticamente todos sus pueblos. La gastronomía de la comarca, basada en un aceite de oliva con denominación de origen propia, se convierte en otro reclamo más para visitar este espacio natural.

Sendero: Adelfal de Cuadros.

Este adelfal, es uno de los mayores de la Península Ibérica e incluso de Europa. Pero no sólo las adelfas forman esta bóveda tan peculiar que impide ver la luz al río Cuadros, también podremos apreciar alguna higuera, álamo negro, álamo blanco y taraje de gran porte. A lo largo de la historia las adelfas han proporcionado múltiples utilidades. Sus tallos se han utilizado de manera similar a los de las mimbreras en trabajos de cestería. La madera quemada da una ceniza que se utilizaba en la fabricación de pólvora. Las hojas maceradas se han empleado para tratar la caspa y la caída del cabello. También, sus tallos se ponían entre las siembras de garbanzos y otras legumbres para protegerlas de ciertas enfermedades. Con el polvo de tallos y hojas se ha llegado a fabricar matarratas. Por contra, en la época de ocupación francesa, algunos soldados napoleónicos que desconocían la planta llegaron a morir, por el simple hecho de asar la carne pinchada en las varas de adelfa.



Torreón de Cuadros.

El Torreón vigía de Qutrush (Cuadros) aparece mencionado en el Tratado de Algeciras (1310), cuando el rey de Granada devolvió a Fernando IV el castillo de Bedmar. Se trata de una estructura de planta circular y de estructura tronco-cónica de 6,37 m de diámetro, mide unos 12 m. de altura. En la terraza se perdió el parapeto y se halla sensiblemente desmochada. Su interior se dividía en tres habitáculos, los dos superiores con saeteras. La parte principal de la torre se encuentra en el primer piso y allí se ubicaba la puerta de entrada. La planta inferior debió ser utilizada como almacén pues no tiene ventilación alguna. La fábrica es de mampostería salvo los encuadres de los vanos que son de sillería. Delante de la entrada presenta una plataforma de 7 m. de longitud. Seguramente formaría una coracha pera evitar el acceso por esa parte a la torre. La Atalaya de Cuadros vigila el flanco sur de Bedmar. Se encuentra a la salida del barranco del Mosquito. Al Noreste del Cerro Carluco, en la cabecera del río Bedmar, dominando el pequeño valle del Santuario de la Virgen de Cuadros, ejerciendo una función de vigilancia. Tenía una clara dependencia hacia el castillo de Bedmar. Al lado del santuario se ubica al torre.  La Atalaya de Cuadros parece ser una obra del siglo XIV. Declarado Monumento Histórico en 1985.

El Az-Naitín, un monte de leyenda.

El Az-Naitín, (Natín en dialecto local) es una montaña situada en Sierra Mágina, en Jaén. El origen de la toponimia en árabe sería Isnatin o Asnatin, y se señala que puede venir de su antigua denominación en íbero como Neitin, que hace referencia al gran dios íbero Netón, dios del Trueno y el fuego, que según la leyenda habita en la montaña. Posee un especial atractivo visual, sobre todo vista desde la cara Este o desde el valle del Guadalquivir. Tiene una altitud considerable, 1745 m, que permite divisar gran parte de la provincia de Jaén. En el Aznaitín, se mantienen algunos endemismos vegetales típicos de Sierra Mágina. En su cumbre se juntan los términos municipales de Jimena, Torres y Albanchez de Mágina, cuyas poblaciones se ubican a sus pies, como también lo hacen las cuevas prehistóricas, donde los antiguos pobladores dejaron su huella para la posteridad. No en vano el Aznaitín impregnó la pupila de Antonio Machado desde la lejana Baeza y lo incorporó a su poesía. Gracias al modelado kárstico de galerías subterráneas, donde se han configurado las cuevas y los abrigos, el Natín es una zona espeleológica de importancia. Son de gran reconocimiento por su arte rupestre y aún están en estudio todas las cuevas del entorno el sector del Monte Natín. En la falda hacia Jimena, se encuentra la famosa Cueva de la Graja, en otra estribación se encuentra la cueva del Morrón, la cueva de los esqueletos, la cueva del Curro, y finalmente la cueva de la Arena.

El Natin ha ejercido siempre un atractivo magnetismo sobre las gentes de la comarca, por lo que son frecuentes las leyendas sobre la misma. La montaña aún hace de oráculo a los pastores y viejos del lugar incluso para predecir el tiempo. Hay multitud de dichos populares: «Cuando el Natín tiene montera, llueve quiera Dios o no quiera». Los lugareños le guardan respeto, y dicen que el lugar es escenario de apariciones fantasmales de almas en pena. Bajo la sombra del monte Aznaitín las leyendas proyectan su largo cortejo de malignos duendes "minguillos", enigmáticos centauros "juancaballos", tesoros árabes por los laberínticos recovecos de "la cueva encantada", o siempre el brumoso recuerdo del Dios celtíbero Naitín que habita en sus entrañas. Según las gentes Natín es "ese que manda el arco iris a recoger agua al río para preñar las nubes de lluvia...", y el mismo que "arrastrando por el cielo carretones cargados de piedras, produce las tormentas y los truenos...", por eso, "cuando hay tronada, conviene estar atento, porque donde cae una centella puede encontrarse la Piedra del Rayo, que libra por siempre del fuego del cielo..." El misterio que más seduce en los pueblos del alrededor es el del tesoro del monte Aznaitín: Algunos aún dicen que en el cerro Aznaitín hay oro. Hay dichos de los viejos: "Cerro Natín muy rico, mucho oro"; y otro que dice "Oh Natin, frente la cabeza del toro, está el tesoro".

Leyenda de los Minguillos del Hoyo de la Negra.

Los duendes, aunque traviesos, no suelen ser malignos, pero los minguillos (duendes de Mágina) son una excepción. Cuenta una vieja leyenda bedmarense que existía un fantasma de barbas blancas que iba siempre acompañado de una corte de minguillos en el lugar conocido como “el Hoyo la Negra”, situado en el antiguo camino de Cuadros, a espaldas de Fuensucia. Estos malvados seres tenían aterrados a los campesinos, pues si pasaban a partir de media noche por el Hoyo la Negra, se oían extraños sonidos de ultratumba, irreconocibles en un primer momento, pero poniendo atención se distinguía un potente estruendo similar al que se produce cuando se golpea un latón con un mazo. Al instante aparecía un fantasmagórico ente con largas barbas canosas, los ojos ensangrentados y hundidos y de una palidez extrema. Aunque se vestía con harapos se podía adivinar que en su momento fueron la mortaja de un hombre muy rico. Sus pies estaban trabados con gruesas cadenas pero a pesar de ello se movía con gran agilidad. Este fantasma se rodeaba siempre de un nutrido número de minguillos que encantaban a todos los campesinos que pasaban a esas horas por este lugar. Solían ser tan traumáticos estos encuentros que hubo campesinos que perdieron la cordura o alguna de sus facultades físicas a consecuencia de ellos. Debido a la magnitud que estaba alcanzando este problema, un grupo de valientes acordaron solucionarlo urdiendo un plan. Así, tras meditarlo mucho, cogieron la Virgen de Cuadros, cuyo flamante santuario no se encontraba muy lejos, y a las horas en que salían estos seres, la llevaron al lugar de los hechos. Como era de esperar, comenzaron a oírse los desagradables ruidos que precedían a la aparición, y al instante salieron el fantasma y los minguillos. Fue una escena de tensión y dramatismo para el fantasma que emitiendo un gran lamento se esfumó convirtiéndose en una enorme nube de humo que viajó hasta perderse de vista por la sierra. Los minguillos, sin embargo, echaron a correr despavoridos, desorientados, incapaces de seguir a su amo, desapareciendo al instante entre la maleza. A partir de ese día nunca se volvió a saber del fantasma, cosa que no ocurrió con los minguillos que, aunque por el momento inofensivos, todavía habitan estos parajes.

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