Leyendas populares de Torredonjimeno.

Posted by Publicado por Administrador On miércoles, agosto 04, 2010

Ante el gran entusiasmo que despertó entre vosotros los cuentos y leyendas de nuestra localidad, hemos rescatado este artículo publicado en el Ideal de Jaen por Manuel Rodríguez Arévalo. Por favor sed conscientes de que estas historias son tan solo parte de nuestro patrimonio cultural, y en absoluto hay que darles demasiada veracidad.
Torredonjimeno, tanto por su ubicación geográfica como por las características de los campos que la circundan y su clima, ha sido un lugar de especiales condiciones para el desarrollo de la vida humana. De ahí se desprende que la presencia del hombre haya sido constante en sus tierras desde las etapas históricas más antiguas: la fertilidad de sus campos, la abundancia de caudales hidrológicos, su buena situación para las comunicaciones, lo han facilitado. Hay que señalar la importancia de restos correspondientes a la cultura ibérica entre los que destacan el yacimiento de Torre Benzalá, el Torrejón (muy cerca del actual núcleo urbano de Torredonjimeno) y las terrazas del Molino del Cubo, sin olvidar la existencia del asentamiento ubicado en la Torre de la Fuencubierta. Precisamente el Molino del Cubo -un molino harinero fortificado, situado a dos kilómetros de Torredonjimeno, que construyeron los calatravos en el siglo XIV, según la lápida fundacional que se encuentra empotrada sobre la entrada- es el escenario de una de las leyendas con más enjundia del municipio. Está construido en mampostería, tiene puertas, arcos y ventanas de bien escuadrados sillares, según cuenta Juan Eslava en 'Castillos y atalayas del reino de Jaén'. El edificio, en su día, estuvo espléndidamente fortificado, pero ahora, sus ruinas, su abundante arboleda y las rocas que le circundan, crean un ambiente un tanto misterioso entorno al edificio. Dicen los viejos del lugar que sus abuelos hablaban de tragedias ocurridas en el molino, con muertes violentas, y que siempre ha circulado por la localidad la extraña advertencia de no pasar demasiado cerca del molino del Cubo. Existen dos versiones de esta leyenda, una de ellas habla de un fantasma que aparece en el molino, o en sus proximidades, con aspecto de una masa de niebla con cierto resplandor, que se mueve por los alrededores del viejo edificio y permanece a cierta altura del suelo. Todos los que le han visto, a lo largo de los últimos siglos, aluden a un alma en pena, víctima de los sucesos trágicos acaecidos en el molino. Se aparece normalmente durante la noche y en los días de tormenta a los que se atreven por esos andurriales. La segunda versión relata la aparición, también de un fantasma, pero en este caso es un niño, pero que han sido pocas las personas que han conseguido verlo. Algunos testigos aseguran haber contemplado un halo de luz, y otros, unos pies infantiles que corrían. También han encontrado sus huellas sobre el polvo de los aposentos arruinados. Otros afirman que sus abuelos le contaban que el niño estaba jugando a chapotear en el arroyo del Cubo y al ser sorprendido por un ser diabólico salió corriendo olvidando su calzado, por eso ahora va con los pies descalzos. La sensación que existe en ese lugar, cuando te acercas al molino del Cubo, es que alguien te espía desde la ventana.
Barranquillo y Frailes.
Existe otra historia de apariciones relacionada con el puente del Barranquillo, paraje a unos cinco kilómetros de Torredonjimeno, donde una figura de hombre camina sobre el puente. Tiene un aspecto normal, hasta el punto que podría ser confundido por cualquier viandante. Sin embargo, lograron averiguar que era una aparición porque sus piernas no tocaban el suelo y tampoco hablaba con persona alguna. Hace mucho tiempo, en ese mismo lugar hubo una muerte trágica. El fantasma del molino de los Frailes es menos conocido que el del Cubo, pero también hace sus apariciones sobre las ruinas de ese antiguo molino harinero, y a una cierta distancia del suelo, como si estuviera colgado. De este fantasma cuentan la historia de una familia, compuesta por el matrimonio y un niño de 8 años, que iba a la huerta de La Canaleja, cercana al citado molino, y que se le hizo de noche a lo largo del camino, de una forma incomprensible porque salieron de Torredonjimeno con mucho sol. Cuando la oscuridad se hizo tan densa que apenas podían caminar por miedo a salirse del camino y perderse, el niño comenzó a llorar porque estaba muy asustado. A los pocos minutos apareció, sobre sus cabezas, el fantasma del molino que con su luz alumbró a esta familia aterrada, que no supo hacer otra cosa que seguirle hasta la huerta.