Santas Juana y María.

Posted by Publicado por Administrador On miércoles, agosto 04, 2010

Recordáis la fantástica visita, cortesía de la asociación "Vientos del Tiempo", pues aquí os dejamos la leyenda de estas dos Santas Toxirianas. Cuentan que las hijas del alcaide de la fortaleza de Torre Don Ximeno, Diego Fernández de Martos, habían ido, para pasar la estación privameral, a casa de unos parientes suyos que moraban en la torre de la Higuera de Martos (hoy Higuera de Calatrava). Allí les sorprendió el ejército de Muley Alvoazen, Rey de Granada, que entró rabioso en la frontera cristiana. Destruyeron los moros la villa de la Higuera, martirizando a los sacerdotes que encontraron a su paso. A las jóvenes doncellas las hicieron prisioneras, con muchos otros vecinos de la villa. Con toda la presa que los moros hicieron en la Higuera, llegaron los enemigos a la villa de la Torre Don Ximeno que intentaron rendir, sin que se lo permitiera el esfuerzo del padre de aquellas cautivas, el alcaide, que capitaneó la resistencia de los tosirianos. El alcaide Diego Fernández de Martos, como león a quien le roban los hijos, partido su corazón en dos mitades, hubiera querido salir de las murallas para redimir y rescatar a sus hijas, pero no podía desamparar a la villa confiada a su custodia. Sus hijos, incluso los bastardos, combatieron junto a su padre y hermanos, defendiendo las murallas. Se retiraron los moros con la presa, dejando a todo el pueblo entre gozo y llanto, y llevándose consigo a las hijas del alcaide capturadas en Higuera. En santa conformidad con la voluntad de Dios llegaron las bellas cautivas a la ciudad de Granada, en donde puestas entre gentes de idioma que no entendían, vinieron a ser compradas por dos ricos moros, que se enamoraron de su belleza. Los dichos moros las solicitaron para mujeres; y para ello les mandaron renegar de la fe de Jesucristo. Una de las hijas del alcaide se doblegó y accedió a los requerimientos, pero la otra y su sirvienta se negaron, resolviendo morir en defensa de la de su fe. Se convirtió el amor que sus dueños les profesaban en acervo odio. Las maltrataron y amenazon para lograr sus propósitos, pero se mantuvieron firmes en la fe de Cristo. Después de mucho pretenderlo en vano, las sacaron de la Alhambra atadas a dos caballos, y las llevaron arrastrando, hasta el sitio que llamaban entierro de Malditos y allí, al mediodía, las hincaron de rodillas y las decapitaron de un tajo de alfanje. Una vez que cercenadas sus cabezas y yertos sus cuerpos exánimes en el suelo, aparecieron en el cielo dos astros refulgentes que vencían al Sol en claridad, y dirigían sus portentosos rayos a los cuerpos decapitados, bañándolos de luz. La villa de Torredonjimeno conservaba, hasta la guerra civil, un lienzo muy antiguo en que se representaba el martirio de las dos doncellas, con un lema a sus pies:
"Quiso la bondad Sagrada
Que por camino tan bueno,
Plantas de TorreXimeno
Diesen su fruto en Granada."
Juana y María, una la hija del alcaide y la otra, su humilde criada, jamás fueron canonizadas por la Iglesia Católica, pero los cristianos granadinos, conmovidos por su suplicio en nombre de la fe, transmitieron de padre a hijo aquel martirio, comunicándole a su descendencia la devoción y rindiéndoles culto como santas mártires. La jerarquía eclesiástica, parando mientes en la carencia de carta de naturaleza de este culto tributado a las doncellas, vino a corregir la desmedida devoción que se tributaba a las mismas.
Manuel Fernández Espinosa.