Leyenda de los Juancaballos.

Posted by Publicado por Administrador On lunes, mayo 19, 2014

Cuentan que en Sierra Mágina viven unas extrañas criaturas, mitad hombre y mitad caballo, muy difíciles de ver y de las que se sabe muy poco. Se tiene noticia de ellas desde hace muchos siglos y se las conoce con el nombre de Juancaballos. Normalmente se ocultan durante el día en secretas grutas y cavernas de estos cerros que utilizan como guaridas, abandonándolas solo tras el crepúsculo, pues parece ser que tienen una vida nocturna y se amparan en las sombras y tinieblas a la hora de procurarse el sustento. Se desconoce el motivo por que manifiestan tanta aversión al trato con humanos, pero es cierto el recelo generalizado, ya sea congénito o aprendido por nuestra especie. Esta es la razón por la que son tan infrecuentes los enfrentamientos entre estas bestias y los hombres, pero cuando por desgracia ocurren, son muy pocos los que sobreviven, pues su ferocidad, fuerza, astucia y crueldad las hacen invencibles. Pero esto no es todo ya que cuando la necesidad se acentúa, ya sea por largas sequías, fuertes nevadas o cualquier otro desastre de este tipo, esas características se incrementan en gran medida ya que el hambre hace que pierdan el miedo por los hombres y los tornan más astutos y desalmados de lo que ya son de por sí. Durante estos períodos de penuria, los Juancaballos bajan de las altas cumbres para alimentarse en las huertas de los ríos próximos, causando en ellas grandes destrozos, porque con sus cascos equinos patean los vergeles asolando verduras, hortalizas, árboles frutales y todo lo que encuentran a su paso. Pero esto no es lo más grave que pueden provocar, porque la inanición, en ciertas ocasiones, puede incitarles a comer carne humana, siendo muchos los campesinos mutilados o asesinados por este motivo. Los supervivientes nunca han podido superar el trauma que esto les supuso. Son de destacar las incursiones de estos desalmados seres a las riberas del Guadalquivir, pues eran una de sus zonas preferidas para perpetrar sus fechorías. Hubo un tiempo en que llegaron a ser tan frecuentes y tanto el terror que despertaron en la vecina ciudad de Úbeda, que aprovechando que se estaba construyendo una de sus más bellas iglesias, la del Salvador, fueron esculpidos en su fachada principal, junto a las estatuas de los santos y bajo el relieve de la Transfiguración de Jesús. Este hecho, junto con los testimonios de los supervivientes a sus ataques, constituye una prueba irrefutable de su existencia.